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El Secreto Que Nadie Te Cuenta Sobre Tus Conflictos Repetitivos (Y Cómo Romper El Círculo, De Una Vez)

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Oye, ¿te suena esto? Has tenido  esa  discusión. De nuevo. La que parece un guión mal escrito que tu pareja y tú os sabéis de memoria. Empieza por lo de siempre—el orden, los planes del fin de semana, el tono de voz—y termina igual: enfrascados, doliendo, preguntándoos cómo diablos se repite  otra vez . Te prometiste que no volvería a pasar. Que esta vez lo manejarías diferente. Pero ahí estás, sintiendo esa calentura familiar en el pecho, diciendo las mismas frases que juraste no repetir. Es como si alguien apretara "rebobinar" en una película que ya odias. No estás loco. Ni tu pareja es imposible. Estás atrapado en lo que yo llamo un "Bucle de Fricción"—un patrón automático de comunicación roto que se alimenta solo. Y déjame decirte algo liberador:  no es un problema de personalidad. Es un problema de patrón. Y los patrones, querido lector, se pueden cambiar. El Mito Más Peligroso Sobre Las Discusiones De Pareja La cultura nos ha vendido una mentira ...

De las lealtades invisibles

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  Lola T. Arte digital Cuando iniciamos una relación —de pareja, amistad, familia o trabajo— rara vez advertimos que firmamos un contrato invisible. No está escrito, pero opera con la misma fuerza que cualquier acuerdo legal: normas implícitas, expectativas de lealtad, permanencia y comportamiento. Su trampa es la letra pequeña, esa que nunca leemos. Como diría Michel Foucault , el poder más eficaz es el que no se percibe como tal. Persistimos en relaciones por inercia, por miedo a la soledad, por compromiso o por la incapacidad de decir no. En ese primer encuentro, aparentemente inocente, una de las partes suele imponer un código relacional y la otra lo acata de forma silenciosa, casi siempre inconsciente. Ambos actúan desde sus heridas: abandono, rechazo, humillación. Quien obedece lo hace desde el miedo; quien impone, desde sus propias carencias. No hay villanos puros, solo biografías no revisadas. Con el tiempo —y cuanto más tiempo, más evidente— esas normas se vuelven inso...

El Otro en Mí.

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    Deambulo por la ciudad mirando, observando, inventando historias sobre la gente que se cruza en mi camino. He aprendido que en las relaciones —todas, sin importar cómo se definan— el espejo no está afuera, está en nosotras y nosotros. Lo que nos atrapa, lo que nos hace reír, lo que nos irrita o nos engancha, muchas veces dice más sobre nuestro propio paisaje interior que sobre el otro. No me interesa el drama; me interesa la claridad que surge en el caos. Ese momento en que un gesto revela lo que no sabías que estabas buscando, o cuando un silencio se siente más cierto que mil palabras. Me pregunto: ¿por qué seguimos esperando que alguien nos “complete”? ¿Por qué seguimos corriendo detrás de espejos que deforman nuestra propia imagen? ¿Qué estamos evitando ver de nosotras y nosotros mismos? Observo, con curiosidad y distancia, los pequeños rituales de la ciudad: un grupo de amigos riendo en una terraza, un paseante solitario con auriculares, alguien leyendo en un ba...

“Sesiones para una vida sin atajos” Por Lola T.

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Hay días en que el alma se pone incómoda. No se trata de grandes crisis, ni de rupturas espectaculares —esas que generan likes y copas de vino entre amigas—. Me refiero a ese silencio molesto que se instala entre lo que uno vive y lo que uno desea. A esa sensación de estar funcionando , pero no viviendo . ¿Te suena? En un mundo que nos quiere eficientes, productivos y optimistas, sentarse a hablar de lo que no encaja, de lo que duele o simplemente no encuentra nombre, es casi un acto de resistencia. Una pequeña revolución íntima. Las sesiones —sí, esas que algunos confunden con coaching, terapia o filosofía de café— no son un espacio para corregir lo que está “mal”, sino para escuchar lo que aún no fue dicho. No hay fórmulas. Hay pausas. No hay diagnóstico. Hay presencia. Y una pregunta: ¿desde dónde estás viviendo tu vida? Esta propuesta, llamada Acompañamiento Existencial Integrativo , no pretende salvarte de nada. Ni siquiera promete respuestas. Lo que ofrece es un espacio de...

¿Llamar o no llamar después de tanto tiempo? El dilema eterno

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  Recibo una llamada de una amiga con esa voz que ya conozco demasiado bien. Es una mezcla de culpa y curiosidad, un tono entre el susurro cómplice y la confesión de quien se está por lanzar —una vez más— al abismo de lo conocido, pero no resuelto. —No sé si llamarla. —¿A quién? —A mi amiga. Bueno, ex amiga. Bueno, no sé. Y ahí empieza todo. De eso que queda cuando la conversación se termina, pero el lazo, por alguna razón, sigue ahí, flotando, como un archivo en la nube que no sabes si eliminar o simplemente dejar olvidado. Silenciar es una manera de poner pausa. No llamar es una forma de decir “no más”. Llamar, entonces, se convierte en un acto casi ritual. No siempre significa reconciliación, ni siquiera perdón. Los estragos de la inocencia, la edad y los impulsos. Una vez, inesperadamente, hasta a mí me cogió por sorpresa, llame a alguien muy importante para mí. No para saldar cuentas sino solo, por pura emoción. Del teléfono, salió una frase que me dejó sin aliento...

La infancia no termina a los 12: lo que el adulto hereda del niño que fue.

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  “Hay una parte de ti que no creció, no porque no pudiera, sino porque nadie estuvo allí para sostener su llanto.”   Aunque creamos haber dejado atrás la infancia, muchas de nuestras reacciones adultas son ecos de un niño interior que aún espera ser visto. Esa voz que estalla en un conflicto, ese dolor sin razón clara, suele provenir de antiguas heridas no atendidas. No se trata de caprichos ni debilidades: son defensas aprendidas por un niño que tuvo que adaptarse para sobrevivir afectivamente. Aprendimos a agradar, a callar, a ser fuertes. Pero esas máscaras, de adultos, se vuelven prisiones. A menudo, una escena aparentemente inofensiva –como un dibujo ignorado– se convierte en la semilla de una creencia devastadora: “No soy importante”. Y ese dolor no resuelto se reactiva en cada vínculo que no nos valida. Reconocer al niño interior es notar cuándo nuestras emociones nos sobrepasan, cuándo buscamos aprobación, cuándo tememos no ser suficientes. No es para culpar, sino...

El Cuerpo como Acto Fallido: Cuando la Caída es el Único Camino Posible

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       Vivimos en un mundo donde la estructura interna de muchos parece estar forjada en hierro. Una estructura que se sostiene por el peso del deber, la corrección, el sacrificio silencioso. Es un sistema que no permite el desborde, porque lo que desborda, arrastra todo lo demás. Hemos aprendido a convertir el control en nuestra forma de vida, en nuestra protección, en la trinchera que nos resguarda de lo que hemos vivido, de lo que no hemos dicho, de lo que se quedó pendiente.      Sin embargo, el cuerpo, ese sujeto que no tiene palabras, no se deja someter tan fácilmente. Y aunque el pensamiento se disfraza de control, el cuerpo, con su lenguaje sordo y visceral, no negocia. Tarde o temprano, este cuerpo comienza a hablar. Habla de las cargas que no hemos soltado, de las emociones atrapadas, de las heridas que no hemos podido cicatrizar. Habla de esa tensión interna que no ha encontrado forma de liberarse, y lo hace de la manera más rotunda: a tra...