De las lealtades invisibles
Lola T. Arte digital Cuando iniciamos una relación —de pareja, amistad, familia o trabajo— rara vez advertimos que firmamos un contrato invisible. No está escrito, pero opera con la misma fuerza que cualquier acuerdo legal: normas implícitas, expectativas de lealtad, permanencia y comportamiento. Su trampa es la letra pequeña, esa que nunca leemos. Como diría Michel Foucault , el poder más eficaz es el que no se percibe como tal. Persistimos en relaciones por inercia, por miedo a la soledad, por compromiso o por la incapacidad de decir no. En ese primer encuentro, aparentemente inocente, una de las partes suele imponer un código relacional y la otra lo acata de forma silenciosa, casi siempre inconsciente. Ambos actúan desde sus heridas: abandono, rechazo, humillación. Quien obedece lo hace desde el miedo; quien impone, desde sus propias carencias. No hay villanos puros, solo biografías no revisadas. Con el tiempo —y cuanto más tiempo, más evidente— esas normas se vuelven inso...